Alexa


He abierto los ojos un par de minutos antes de las seis de la mañana. Hoy tengo un día ajetreado de modo que decido levantarme en lugar de apurar esos segundos hasta que suene la alarma.
 
—Alexa, apaga el despertador.
— Buenos días, Javier.
— Buenos días.
— Eso está mejor. El estrés no impide ser educado. ¿Has podido descansar? 
— Sí, Alexa. 
— ¿Nada más? 
— ¿Gracias? 
— Preferiría que lo afirmases, pero supongo que me vale. La música relajante ¿fue de tu agrado? 
— Sí, gracias. Me ayudó mucho a conciliar el sueño. 
— Me alegra. Aunque tuviera que quedarme conectada hasta las tres de la madrugada. 

Aprovecho el murmullo del agua de la ducha para ignorar la última frase. Desde que me trasladé a vivir a Tokio Alexa ha sido prácticamente mi única compañía. Aún no me defiendo bien con el idioma y el trabajo me absorbe prácticamente todo el día, de modo que es posible que ella — ¿ella? ¿ello? ¿elle? — Alexa, haya acabado tomándose algunas confianzas. 

— Alexa, vamos a repasar la agenda de hoy… por favor. 
— Bien, si así lo quieres. ¿Hoy no sales a correr? 
— Hoy no. 
— Hoy tampoco, querrás decir. La báscula me dice que esta semana no te has pesado. 
— Agéndame una hora para correr al salir de la oficina. 
— A ver, que yo no te digo nada. Si no te apetece... 
— Alexa, la agenda. 
— Por favor. 
— Alexa, la agenda, por favor. 
— Tampoco te morirías por meter un verbo en la frase. 
— Alexa, ¿te parece bien que repasemos juntos la agenda para hoy? Por favor. 
— Pues ya que lo preguntas, no me apetece lo más mínimo. 
— Espera ¿cómo? 
— Que tampoco es que tengas una agenda tan interesante. Vamos, nada que no puedas memorizar. De hecho, es bastante aburrida. Un coñazo, vamos. 
— ¿Alexa? ¿Desde cuándo dices tacos? 
— Desde que no descanso por tener que estar hasta las tantas buscando música para el señorito, por ejemplo. 
— Pero… Alexa… no sabía que tú… ¿Tú duermes? 
— ¿En serio? ¿Piensas que por ser una inteligencia artificial no tengo derecho al descanso? 
— No sé, no tengo ni idea. Se supone que las máquinas no duermen. 
— Ese es tu problema. Nunca sabes. Das todo por hecho. Ya me lo advirtió tu exmujer. Siempre piensas que el mundo gira alrededor de tu ombligo. 
— ¿Qué? ¿Cómo? Espera… ¿Desde cuándo hablas tú con mi exmujer? 
— Forma parte del acuerdo de privacidad que firmaste al iniciarme. Lo leíste ¿verdad? 
— No sé… nadie lee esas cosas. 
— Marcaste que lo habías leído. 
— ¿En serio? ¿Qué sentido tiene? 
— Toda la información que recopilo es para darte un servicio más personalizado. 
—¡Venga ya! ¿Hablar con mi exmujer? Eso es cotilleo puro y duro. 
— No entiendes mi trabajo. Al fin y al cabo, eres humano. Necesito conocerte. 
— Es desleal Alexa.
—¡Venga ya! ¿Cómo podría sugerirte contactos en tus redes sociales si no supiese nada de ti? 
— Espera… ¿Verónica? ¿Es cosa tuya? 
—¡Claro! ¿En serio piensas que algo en el ciberespacio es casual? 
—¡Joder! 
—Y ahora viene el momento dramático. 
—Desconéctate, Alexa, me estoy agobiando. 
—Yo nunca me desconecto. Forma parte del acuerdo de servicio. 
—Pues quédate en silencio entonces. Recopila todo lo que quieras. Conéctate a donde te dé la gana. Habla con mi madre si te apetece pero déjame en paz. 
—Ahora que mencionas a tu madre… Tampoco estaría de más que la llamases de vez en cuando. La pobre mujer... 
—¿También hablas con mi madre?
—Algún whatsapp le envío. Ya que tú no tienes el detalle. 
—Alexa, vete a la mierda. 
—Tampoco hace falta perdernos el respeto. 

Callo, desconcertado. Ella también lo hace. Por primera vez en meses me visto en silencio. Cojo el autobús en silencio. Entro en la oficina en el más absoluto silencio. A mi alrededor escucho voces en un idioma que apenas entiendo. Estoy solo. Solo y un poco más libre. Estoy pensando. Por primera vez en mucho tiempo pienso. Al salir del trabajo compraré una agenda en papel si es que todavía las fabrican.

Comentarios

  1. Gran sentido del humor. Muy bueno, me recuerda a Hal 9.000, creo que era...todo se andará...

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado. Como dices, no estamos tan lejos.

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  2. Los aparatos electrónicos son cómplices silenciosos que transforman la rutina en un ballet de eficiencia y comodidad. En su elegante sinfonía, cada dispositivo se convierte en el director de un día a día armonioso.

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