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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos en cadena

Cenizas (el micro de esta semana para REC)

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La frase de inicio de esta semana era :  Había brotado en medio del huerto, un imponente piano de cola, una frase que casi es un microrrelato en sí misma, y que ponía el reto un poco más complicado que de costumbre. La imagen es de Nancy Fouts Cenizas Había brotado en medio del huerto, un imponente piano de cola, y en la noche, al claro de la luna, el mismo Debussy tocaba con él, a cuatro manos, hasta el amanecer. Eso cuentan que ocurrió a partir del día en que hicimos volar sus cenizas. Eso, y que la enredadera se enmarañó con tal fuerza en las portadas, que nunca nadie ha conseguido volver a entrar.

Inspiración (Para Relatos En Cadena)

Esta semana con tanto jaleo se me había olvidado subir el microrrelato con el que participé en Relatos En Cadena. La frase de inicio era " Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos"  Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. Liquidar a los gemelos no había sido fácil, pero no estaba segura de cuál de los dos era el que sabía demasiado. Y luego estaba la vieja, haciendo preguntas incómodas. Sí, ella tenía que ser la siguiente. El té con pastas le sentaría mal y luego… nadie sospecharía nada. Mientras colocaba las tazas, la dueña de la pensión la sacó de sus pensamientos: -¿Qué? ¿Cómo va esa novela? ¿ya tienes al asesino? O tal vez…, pensó, ¿y si la vieja sufría un accidente? Una puerta atascada, mala ventilación... - Nena, ¿notas ese olor?

Relatos en Cadena (Pero esta vez, ella lloró)

HERMANOS Pero esta vez, ella lloró. Y yo, asustado, aprendí que ni el mejor de los chupetes compensaba aquel escándalo. Y que a partir de aquel día, el poder lo tenía ella.

Relatos en cadena (y así, tontamente, acabe pegándome un tiro)

-Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro. Justo entonces levanto la cabeza del portátil y veo a mi hijo frente a mí, esperando alguna reacción por mi parte. No sé cómo decirle que no sé de qué está hablando, que toda mi atención estaba volcada en aquella absurda hoja de cálculo. Nos miramos sin pestañear. Abro la boca, pero no consigo construir ninguna frase coherente. Y entonces él rompe a reír y yo a llorar, como dos auténticos locos. Y yo quiero abrazarle, pero él ya tiene catorce años y conoce todos los caminos para esquivar mis muestras de cariño.

Relatos en cadena (la mujer que iba en el coche a mi lado)

La mujer silenciosa La mujer que iba en el coche a mi lado miraba la luna por la ventanilla. El taxista la había recogido unos minutos antes, empapada de lluvia. Me había mirado a través del retrovisor, yo había accedido con un movimiento de cabeza, y ella había ocupado su asiento con una delicadeza extrema. Yo la miraba absorto. Ella guardaba silencio. Llegamos a mi destino mucho antes de lo que yo hubiera deseado. Todavía apuré unos minutos buscando las monedas entre las costuras de mi bolsillo. La mujer continuaba mirando la luna. -Adiós –pronuncié mientras abría la portezuela. Justo entonces, desapareció.

Relatos en cadena (quizás mañana)

Un microrrelato más. Esta semana la frase de arranque era "Quizás mañana" lo que dejaba la puerta de la imaginación muy abierta. Entre las vías Quizás mañana, refunfuñó mientras se recomponía el vestido. Justo antes de abandonar la vía, contempló como se alejaba el tren. Pensó en aquellos otros trenes, los de las primeras veces, con su estela de humo y su correr ruidoso. Regresó a casa. Quizás mañana, se repitió esa misma noche mientras se ponía el pijama. Todo, incluso la inmortalidad, tiene sus grietas. Algún día tendrá que funcionar.

Relatos en cadena (Su conciencia no podría soportarlo)

Llevo un par de semana participando en el concurso Relatos en Cadena de la SER, más como ejercicio que con la esperanza de ser seleccionada. Cada semana, se propone una frase de inicio para un microrrelato de menos de cien palabras, que coincide con la última frase del relato que resulta ganador en la semana anterior. Esta semana la frase de arranque era: Su conciencia no podría soportarlo Y este ha sido mi relato, sin suerte. Su conciencia no podría soportarlo. Tampoco el juramento hipocrático que una vez pronunció. Y aun así, no puede evitar pensar en ello cada vez que visita a su padre. Sabe que él ya no está ahí, que no es él quien respira, y se pregunta si su jadeo cadencioso sigue teniendo sentido. Pero hoy la guardia es tranquila, y la ronda le ha llevado hasta su habitación casi sin darse cuenta. Y se ha quitado la bata en el pasillo. Y le ha sujetado la mano arrugada más de lo habitual. Amanece. Ella también se fue una noche de otoño.