Mientras escribo esta entrada, estoy viendo este paisaje desde la terraza de nuestra habitación. No pretendo dar envidia, sino transmitiros de alguna manera la paz que estoy viviendo en estos momentos. Hemos dado la vuelta entera a la isla, y del norte al sur hemos encontrado tantos contrastes que parece que fuesen más largas las distancias de lo que realmente son. Al norte, acantilados, paisajes de montaña, carreteras sinuosas, el océano chocando en los rompeolas, y casi omnipresentes, los alisios refrescando el ambiente con el punto justo de temperatura. Al sur playas, impresionantes dunas, calorcito tropical, y la sorpresa del puerto de Mogán, con sus puentes y sus calles tan cuidadas. Aquí y allá, siempre, la amabilidad de los canarios, su dulzura, el colorido de sus flores autóctonas, las plataneras, un poquito de historia (que nunca viene mal) y la sensación de estar muy lejos de todo. Lo suficientemente lejos como para reflexionar y sentirse a salvo, sin prisas, sin...