Dejar ir

Esta mañana, después de un rato haciendo yoga, estando en savasana, he tenido una sensación extraña. He sentido que una parte de mi vida pasada, a la que me aferro sin sentido, por fin encontraba el camino para marcharse. He sentido que así debía ser, que el pasado jamás regresa y es inútil intentar retenerlo. Que no puede condicionar nuestro presente algo que ya marchó, y que ya no tiene su momento.
Fue Heráclito quien escribió aquello de que es imposible bañarse dos veces en el mismo río. La vida pasa, y cada día cuando amanece nada es exactamente igual.
En ocasiones, tratamos de fosilizar experiencias o empeños del pasado y acabamos por convertirlas en tristeza, frustación, rencor o angustia, en lugar de conservarlas simplemente como lo que son: un recuerdo.


Dejar ir, soltar, desprenderse
de aquello que no encaja en el momento.
Respirar y despedirse sin rencor,
en paz, como una parte del camino.

Permitir que se marche sin tristeza,
como se dejan ir las estaciones.
Como ese aire que ahora inhalas
y ya no es aire.

Igual que se abandonan
las plumas viejas.



Paula Martínez

Comentarios

  1. Dejar ir es un acto de crecimiento personal profundo. Liberar lo que nos limita nos permite crecer, aprender y abrirnos a nuevas oportunidades que moldean nuestra evolución interior.

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